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¿Un Bafomet Templario?

A un kilómetro de Soria capital se levanta la ermita de San Saturio, colgada a media ladera del monte de «Las Ánimas». Rodeado de chopos y álamos, el templo parece estar
contemplando el paso del río Duero. Al otro lado, se encuentra el Paseo de San Prudencio, discípulo del anacoreta Saturio.


El edificio, construido entre 1699 y 1703, es de planta octogonal alargada y posee una cúpula coronada por un cimborrio de ladrillo cuya construcción se realizó sobre otra anterior y de planta análoga, pero más regular, de mediados del siglo XII, cuando la Orden del Temple era propietaria de la encomienda de San Polo, cercana a la ermita y de todos los territorios circundantes. El lugar sólo pasó a ser público cuando en el siglo XVI aparecieron los restos de «un cuerpo santo», según consta en el Libro de Actas del Ayuntamiento de Soria.

Saturio, que había nacido en el año 493, repartió entre los más necesitados los bienes y fortunas que había heredado con el fallecimiento de sus padres. Se retiró como un eremita en una cueva junto al río Duero en la hoy llamada Sierra de Santa Ana o de Peñalba. Su virtud y santidad, que adquirió fama entre las gentes de la comarca, llegó hasta la localidad alavesa de Armentia, donde vivía un muchacho de 15 años llamado Prudencio, quien impresionado por lo que se contaba del hombre santo, decidió emprender viaje para ir a su encuentro.

Durante siete años, Saturio y Prudencio comparten penitencia, oración y sacrificio, hasta un 2 de febrero del año 568 en que fallece Saturio. Siguiendo los últimos deseos de su maestro, el discípulo coloca sus restos en un saco y les da sepultura en el oratorio dedicado a San Miguel. Desconsolado por tan irreparable pérdida, Prudencio marcha a evangelizar La Rioja instalándose en Calahorra y trasladándose más tarde a Tarazona, donde con el tiempo llega a ser nombrado obispo. De regreso a la cueva soriana, exhorta a las gentes para que veneren a su maestro, el eremita Saturio. Finalmente, y aclamado por su santidad, Saturio es desenterrado, sus huesos colocados en una urna y elevado a los altares por el propio Prudencio.
                                
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Iglesia de San Justo y Pastor. La cueva del ermitaño.

Excavada en la roca y junto a un camposanto. Hendidura en la piedra que resiste el gotear de los días, que luego fueron años y trocea ya siglos. Una ermita en medio de la montaña palentina que parece un milagro. Símbolos de algunas de las culturas que arrastraron sus pasos por España; símbolos de cristianos perseguidos, masones, templarios y hasta de los pueblos que se descubrieron más allá del mar. A la iglesia de San Justo y Pastor se la conoce como la catedral rupestre de España. A primera vista es un lugar único; tras el segundo y tercer vistazo lo único se convierte en imposible.

Para visitar la ermita hay que preguntar antes por María Belén, una mujer del pueblo, Olleros de Pisuerga, y que guarda las llaves y secretos del templo. El camino que conduce hasta la roca, de tierra, empinado y con la sombra de las piedras entre las hojas de los numerosos árboles que le escoltan, provoca un primer alto: una torre de piedra del siglo XVII que hizo las funciones de campanario; de aviso para las urgencias, bien fueran estas del cuerpo o del alma. Debajo, en sus entrañas, se ha descubierto otra cueva eremita, que también pudo ser poblada por un ermitaño en los albores de los tiempos y que arroja nuevas dudas. Lo que sí parece seguro es que se trató de un baptisterio en el que se sumergían bajo el agua sagrada los nuevos cristianos, y después fue un horno en el que se cocían las ollas –lo que dio el nombre la pueblo–. “Se están haciendo estudios porque pudiera ser que haya más cuevas en los alrededores del templo”. Sería lógico. La piedra caliza de las montañas del norte de Palencia, pegada casi a la marca cántabra, fue zona eremítica.


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Crismon

La Alhambra: El palacio que esconde el cielo.

No es fácil comprender con los ojos toda la inmensidad de la Alhambra. Su lenguaje, cargado de símbolos, hace del gran palacio árabe un lugar para ver y entender. Jardines, agua y piedras, eso es la Alhambra. En lo alto de un gran cerro, con bosques rodeándola, y hasta un pequeño río –el Darro–; con una ciudad que la contempla, con el sol sujeto a sus almenas y la noche silbando el rumor de una de las más bellas historias que ha podido imaginar el hombre.

Su nombre es el principio de las mil y una dudas que se han clavado en sus entrañas. Algunos dicen que es una mala transposición al castellano, y que en árabe significaba rojo o rojez, haciendo referencia al color de sus muros. Otros hablan de la roja, no por su fachada, que en época andalusí dicen que era blanca –encalada–, sino por los cientos de antorchas y hogueras que se prendieron bajo sus muros mientras se construía, lo que daba a la Alhambra un apariencia colorada cuando se la contemplaba desde lejos.
La ciudad amurallada ya tiene nombre. Ahora queda saber si su belleza e historia hacen honor a su leyenda, la que habla de un lugar inexpugnable donde el agua brotaba no se sabe muy bien de dónde.

    
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Alcobaça: el monasterio construido por los ángeles

La villa de alcobaça alberga la mayor iglesia-abadía de Portugal: Santa María de alcobaça. Con casi 220 metros de longitud, su bóveda y las altísimas columnas crean una impresión de armonía y sencillez, los dos pilares en la vida de los monjes del Císter, sus creadores. Sus cánticos retumbaron entre las sólidas paredes de esta construcción, cubierta con las marcas de maestros canteros procedentes de la Borgoña medieval.

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Ritos de fertilidad en Galicia

Situada en el extremo de la ría de Pontevedra, la playa de La Lanzada se convierte en punto de encuentro de devotos que desean tener descendencia. Es un clásico entre los ritos de fertilidad. La fama de este arenal se debe a la creencia de que sus aguas son fuente de vida y tienen la capacidad de promover la fecundidad de las mujeres que realicen un baño ritual.

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La Catedral de Sevilla, morada filosofal.


Es el mayor templo gótico de la Cristiandad y alberga en sus muros una rica simbología vinculada con la práctica alquímica. Secretos sólo accesibles a un selecto grupo de adeptos capaces de interpretar el mensaje grabado en la piedra para ser transmitido a través de los siglos. Visitamos uno de esos enclaves europeos cuyo alfabeto oculto iluminó el más famoso de los alquimistas del siglo XX: el misterioso Fulcanelli.

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Símbolos paganos en las Catedrales

La visión de uno de los tímpanos de la iglesia de Santa María Magdalena de Vézelay (Francia) debió causar pavor entre los contemporáneos que la contemplaron. Aún hoy, esta magnífica representación del Juicio Final sigue inquietando al espectador. En especial por un grupo de figuras, alargadas e inquietantes, que se encuentran a la izquierda del Cristo que preside la escena.

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Laberintos en la catedral

  Su imagen ha despertado fascinación, y su presencia aparece asociada siempre a lugares de culto o recintos sagrados y funerarios. Y es que el laberinto, atrayente símbolo pagano, aparece también en numerosas iglesias y catedrales medievales, sin que los estudiosos sepan cuál puede ser su significado concreto…                   

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ALHAMBRA

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